Era diciembre de 2015 en Capilla del Monte, una pequeña ciudad al pie de las Sierras Chicas de Córdoba, Argentina, cuando el luthier Nicolás Rodríguez Guerra recibió un encargo que cambiaría su vida — y quizás, la historia de la guitarra.
El guitarrista Luis Soria, músico habituado a los aeropuertos y las salas de concierto europeas, le planteó un desafío tan simple de enunciar como complejo de resolver: necesito una guitarra que pueda llevar en el avión sin pagar cargos de exceso de equipaje, sin facturarla en bodega, sin arriesgarme a que llegue rota al otro lado del mundo. Soria sabía, con la intuición de quien lleva años viajando con un instrumento bajo el brazo, que en Europa había una necesidad real y sin respuesta.
Nicolás escuchó. Y se puso a trabajar.
Un corte en el traste 12
Lo que Rodríguez Guerra desarrolló en aquel taller argentino no tenía precedentes. Desde hace siglos, distintos luthiers y fabricantes habían explorado el concepto de la guitarra de mástil desmontable — siempre recurriendo a tornillos, placas metálicas, herrajes. Soluciones funcionales, pero ajenas al alma de madera del instrumento.
Nicolás fue más lejos. Y fue diferente.
Su sistema, al que bautizó Pullaway, divide la guitarra exactamente por el traste 12 — el punto medio de la escala, donde el diapasón encuentra el cuerpo — en dos piezas perfectas. El secreto está en un encastre de cola de milano, una unión en forma de trapecio invertido tomada de la carpintería de alta precisión, reforzada con dos trabas, una delantera y una trasera, que garantizan que el instrumento quede firme, estructurado y estable como si nunca hubiera sido cortado. Todo en madera. Sin un solo tornillo.
Antes de esto, nadie había dividido una guitarra por el traste 12
"Antes de esto, nadie había dividido una guitarra por el traste 12 dejando dos partes del diapasón", resume con calma quien lo hizo por primera vez. La primera guitarra Pullaway, construida en ébano, funcionó a la perfección desde el primer intento. Con los años el diseño se fue afinando, las medidas mejorando — pero la base estaba ya en aquella primera pieza, intacta y revolucionaria.
De los Andes a Barcelona
Con el invento bajo el brazo y grandes expectativas, Nicolás Rodríguez Guerra cruzó el Atlántico. En 2016 llegó a España por primera vez para presentar el sistema en festivales de guitarra. En 2017 se instaló definitivamente en Barcelona.
Los primeros años fueron duros.
En los círculos de la luthería española y europea, el sistema Pullaway fue recibido con escepticismo. Un luthier argentino, con una idea que sonaba demasiado simple para ser verdad, en un sector donde la tradición pesa tanto como la madera de cedro. "Era muy subestimado", reconoce hoy sin amargura. Hacer huella requirió años de presentaciones, de paciencia, de convencer uno a uno a clientes de primer nivel hasta que el boca a boca comenzó a funcionar.
Luego llegó la pandemia. El COVID-19 detuvo en seco el proyecto — como detuvo tantas cosas — y Nicolás tuvo que volver a empezar. Otra vez desde el principio, con la misma convicción de siempre.
El método de transformación: cualquier guitarra puede ser Pullaway
El salto cualitativo llegó cuando Nicolás desarrolló algo que elevó el invento a otra dimensión: un método de transformación. No hacía falta comprar una guitarra nueva. Cualquier guitarra existente — de estudio, de fabricante, de firma reconocida, de luthier de renombre — podía convertirse al sistema Pullaway.
El proceso es quirúrgico: se corta la guitarra en el punto exacto del traste 12, se talla una espiga de cola de milano en el mástil, y en el cuerpo se trabaja una hembra de precisión milimétrica para que el encastre sea perfecto. El resultado es un instrumento que en segundos se separa en dos piezas que caben en una mochila de cabina, y que al unirse de nuevo responde como una guitarra convencional en sonido, afinación y respuesta.
El precio de la transformación: 220 euros. Una cifra modesta frente al coste de facturar un instrumento en cada vuelo, o frente al riesgo de perderlo en una bodega.
Hasta hoy, más de 200 guitarras han pasado por las manos de Nicolás. Desde instrumentos de entrada hasta guitarras de alta gama de firmas y luthiers de primer nivel.
Los maestros que confían
El respaldo más elocuente no viene de ferias ni catálogos, sino de los nombres que han decidido confiar su instrumento al sistema Pullaway. Guitarristas como Mauricio Díaz Álvarez, Paco Seco o Jaume Torrent — referentes indiscutibles de la guitarra clásica — utilizan hoy este sistema. Cuando músicos de ese calibre avalan un invento con su nombre y su instrumento, el escepticismo inicial queda reducido a anécdota.
El hombre del descapotable
Entre los más de doscientos clientes hay historias de todo tipo. Pero Nicolás guarda con especial afecto una reciente, ocurrida en el actual taller en Les Arques, Francia, pequeño pueblo del Lot donde hoy se reciben y envían guitarras a todo el mundo.
Hace apenas unos días apareció por allí un guitarrista al volante de un coche deportivo descapotable — de esos de maletero diminuto, más escultura que automóvil. El motivo de su visita era perfectamente lógico: quería una guitarra Pullaway porque, sencillamente, en su coche no cabía ninguna otra. La guitarra desmontable, pensada para los aviones, había encontrado un nuevo problema que resolver.
Una categoría nueva en la historia de la guitarra
Cuando se le pregunta a Nicolás Rodríguez Guerra cuál es su sueño, no habla de cifras ni de mercados. Habla de algo más grande.
Que Pullaway sea una categoría más de la guitarra
Así como existe la guitarra clásica, la flamenca, la acústica o la eléctrica, sueña con que la guitarra desmontable — su guitarra desmontable — ocupe algún día un lugar propio en la historia del instrumento. No como un accesorio ni como un truco de viajero, sino como una forma legítima y reconocida de concebir la guitarra.
Para alguien que en diciembre de 2015 cogió una pieza de ébano en un taller de las sierras argentinas y cortó una guitarra como nadie la había cortado antes, no parece un sueño descabellado.
Nicolás Rodríguez Guerra puede ser encontrado en Instagram como @nicolasrodriguezguerra.luthier. Las guitarras Pullaway se construyen y transforman en Les Arques, Francia, y se envían a todo el mundo.
Archivo Pullaway
Seis imágenes para cerrar el recorrido: proceso, concierto, detalle técnico y la lógica de viaje que dio origen al sistema.